Herencia y territorio
Su origen en Tenerife se remonta a la herencia directa de los pastores prehispánicos y de los posteriores cabreros de la isla. La abrupta orografía tinerfeña, marcada por los macizos de Anaga y Teno y las laderas del Teide, exigió el desarrollo de técnicas de salto muy depuradas, como el salto a regatón muerto.
Actualmente, los jurados, nombre que reciben estos colectivos, preservan la práctica como actividad lúdica y cultural. El salto del pastor representa una unión singular entre el ser humano, la herramienta y el conocimiento milenario del accidentado relieve isleño.
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